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Globoteca
20 Feb, 2008 |
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La actual ayuda alimentaria no es suficiente para acabar con la desnutrición infantilpor Pilar Ramírez (Corresponsal Humania.tv en Dakar)
Más de cinco millones de niños menores de cinco años mueren cada año de desnutrición. Otros tantos quedan discapacitados física y mentalmente por los efectos de una dieta insuficiente en nutrientes básicos en sus primeros años de vida. De hecho, los niños que sufren desnutrición durante los dos primeros años, incluido el embarazo de la madre, desarrollarán daños irreversibles que afectarán a su capacidad de aprendizaje y crecimiento físico, verán reducidos su salud futura y la capacidad de alcanzar un bienestar económico.
El déficit nutricional alimentario, a veces acompañado de enfermedades infecciosas como la diarrea, es lo que produce la desnutrición. Todo ello provoca que, en la actualidad, unos 13 millones de niños nazcan con crecimiento intrauterino deficitario, 112 millones de críos tengan peso insuficiente y 178 millones menores de cinco años estén por debajo de la talla mínima estándar.
La desnutrición aguda severa en la primera infancia es común en grandes áreas del Cuerno de África, el Sahel y el sur de Asia, los “puntos calientes de desnutrición” del mundo. Estas cifras crecen cada año. En África, el número de desnutridos ha aumentado en 45 millones durante los últimos 15 años, y alcanza ahora los 220 millones de personas, un tercio de la población de ese continente, según datos aportados recientemente por el Programa Mundial de Alimentos (PAM), la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD).
Estos datos, y el hecho de que una correcta nutrición es imprescindible para un adecuado desarrollo humano, social y económico, deberían hacer que la desnutrición fuera una de las prioridades en las agendas de los gobiernos y los organismos internacionales. La reducción de la desnutrición maternal e infantil requerirá la mejora de la coordinación entre los agentes nacionales y dichas organizaciones internacionales.
Organizaciones no gubernamentales como Acción contra el Hambre (AcH) se han implicado históricamente en este tema desarrollando protocolos de actuación al respecto e investigando productos terapéuticos para recuperar a niños desnutridos, como la leche de fórmula F100 (AcH), en 1994. Este, que fue el primer tratamiento específico contra la desnutrición severa infantil, se aplica desde hace tiempo en los centros terapéuticos nutricionales y requiere una preparación previa con agua tibia.
Siguiendo la estela de investigación abierta por AcH, en 1997, el Instituto de Investigación para el Desarrollo francés y la compañía Nutriset desarrollan el primer producto terapéutico para el tratamiento de la desnutrición listo para tomar (RUF), específicamente diseñado para uso infantil. Tras su aplicación por Médicos Sin Fronteras (MSF), se constata una disminución en el porcentaje de la mortalidad infantil en los casos de desnutrición severa y ciertas ventajas en la administración del producto, incluso en países de clima tropical, donde una preparación previa de la mezcla ya no es necesaria.
Así, a partir del 2000 el uso terapéutico de los RUF llega a ser esencial en el tratamiento de la desnutrición infantil durante las crisis alimentarias. MSF lo utiliza en sus intervenciones en Etiopía, Burundi y Angola, entre otros sitios, a través de los centros terapéuticos nutricionales.
En 2001, en Afganistán, MSF comienza a administrar el tratamiento con RUF directamente a los pacientes, sin que ellos tengan que acercarse a los centros nutricionales, fundamentalmente porque las madres no pueden pasar las noches fuera de sus hogares. Este programa comienza a aplicarse de forma minoritaria pero acaba expandiéndose a los programas de MSF en Darfur, Sudán y Niger.
No obstante, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 20 millones de niños sufren desnutrición aguda severa en algún momento y de la existencia de los RUF, MSF advierte de que sólo un 3% de ellos tuvo acceso a ellos en 2007.
El uso terapéutico de estos productos terapéuticos sólo para niños severamente desnutridos, como actualmente recomiendan las directrices de la OMS, el Programa Mundial de Alimentos (PAM) y UNICEF, es demasiado restrictivo. Por sus beneficios nutricionales, los alimentos preparados tienen el potencial de abordar la desnutrición en sus primeros estadios y son más efectivos que la mezcla de harina enriquecida que se distribuye normalmente.
En la actualidad MSF hace un llamamiento para aumentar y ampliar el uso de alimentos preparados ricos en nutrientes o RUF (Ready-to-use food)y reducir así los cinco millones de muertes anuales relacionadas con la desnutrición de niños menores de 5 años en todo el mundo. Asímismo, MSF advierte de que la actual ayuda alimentaria, centrada en combatir el hambre sin tratar la desnutrición, no es suficiente para cubrir las necesidades de estos niños que corren un riesgo de muerte mayor.
Por ello se intenta llamar la atención de organismos internacionales como UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos, para que garanticen el suministro de este tipo de tratamientos en los sitios donde se necesite; de los investigadores e instituciones para que desarrollen nuevos productos que palien esta situación y otras venideras; de los donantes para que sean conscientes de lo que supone la desnutrición infantil, así como de los gobiernos tanto del primer mundo como de los países en desarrollo, para que colaboren más estrechamente en la aplicación de los tratamientos y la definición de las necesidades.
Pilar Ramírez
Fuentes:
-The Lancet: Series on Maternal and Chile Undernutricion Executive Summary. 2008.
-Medicins sans Frontieres: Food is not enough. Without essential nutrients millions of children will die. 2007.
-Afrol News: Aumento de la desnutrición en África. Julio 2007.
Fuente: Corresponsal Humania.tv en Dakar
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